Iguala de la Independencia. Descontrol absoluto

México es el 15º país del mundo por llegadas de turistas internacionales. Un buen puesto teniendo en cuenta que en el mundo hay 194 países reconocidos. Un buen puesto que en mi opinión no consigo explicarme, ni de lejos.
México es, sin duda, un país con un inmenso potencial. Hermoso, gastronómicamente incomparable y muy rico en cultura e Historia, aunque desgraciadamente la mayoría no esté aprovechada y, en mucho casos, ni si quiera cuidada. ¿A quién le importa? Si con un esfuerzo mínimo se sitúan en el puesto 15, ¿para qué hacer más? Es lógico.
Aun así a mí me sorprender que la gente tenga miedo de viajar a ciertos lugares y a otros se vaya tan ligeramente. Porque México es uno de esos lugares en los que uno no acaba de creerse las cosas que ve o que lee. Y es que el chorreo es constante, que si seis turistas españolas violadas en Acapulco, que si 360 mujeres asesinadas, 600 desaparecidas y subiendo en Ciudad Juárez, que si 754 secuestros en 2013… y así hasta la gota que colma todos los vasos: los estudiantes de Ayotzinapa. Un caso entre muchos, uno que ha tenido la suerte de salir a la luz, pero uno que tristemente, ni es el único, ni es el primero ni muchísimo menos va a ser el último.
El hecho de que haya delincuencia es un punto en contra, corrupción, problemas con la droga… bien, hasta ahí podemos pensar que entra dentro de lo normal. Todas las sociedades adolecen de un grupo  más o menos amplio de manzanas podridas. Unos más y otros menos. Pero normalmente, repito, normalmente, el monopolio de la maldad lo tienen los “malos”. Cuando la policía pasa a formar parte de ese grupo y peor aún, cuando lo lidera… yo ya no sé a dónde llevarme las manos. Ole, ole. Si los que trabajan (y cobran de nuestro dinero) para defendernos son los que nos extorsionan (de hecho la mordida es casi un sello de identidad de México), nos secuestran y nos matan, apaga y vámonos. Yo espero, en mi cabeza estructurada por el primer mundo, que me secuestre un terrorista, que me ataque un loco… y que venga un policía y me defienda, me ayude, me salve. Si estas no son las reglas con las que se juega en México, yo, personalmente, no pondré allí mis pies.
Todos sabemos que México no es el país más legal del mundo, que la corrupción está a la orden del día, pero bien mirado… ¿cuál lo es? Porque en España de corrupción tenemos todos un máster. Pero cuando la inseguridad alcanza esas cotas, ya la cosa pierde el sentido, ya no sabemos con qué reglas vamos a jugar. Y yo sin reglas no juego, porque no estoy segura de poder ganar. Arriesgarse tontamente… es tontería. Y mientras la cosa no cambie, no mejore, no se haga nada, no merece la pena. Pero ¿qué hacer? Obviamente el paquete a los locales, ya se les ha ido de las manos. ¿Entonces? ¿Cómo Estados Unidos podía sentirse tan amenazado por un país casi al otro lado del mundo y no notar nada ahora? Ahí sí hay mucho que rascar, y lo mismo los vecinos del sur necesitan que alguien les eche una mano. Recordemos que México también tiene petróleo y que si bien, no está gobernado por un dictador loco, sí lo está por un loco que además es un ignorante absoluto… que a mi juicio es casi peor, porque no tiene ni la más remota idea de la que está liando. Y para luego, va a ser tarde.
Como sazonador os invito a ver este VIDEO  tan representativo de la locura del ser humano y de lo que se está cociendo en el Nuevo Mundo. Para terminar aprovecho las palabras con las que termina el señor Murillo Karam, porque definen exactamente lo que siento: “A mí, me duele este asunto”.

Huelgas, la solución para nada.

Actualmente vivimos en un ambiente de crispación casi histérica, afortunadamente y por una vez, fuera de España. Grecia y Francia se han apuntado a la moda de la huelga, como solución para ningún problema. Quizá, en sectores ajenos al turismo, el paro absoluto suponga la suficiente presión como para que al final alguien se baje los pantalones y ceda, pero desde luego, en el sector turístico… la huelga no es más que agravar el problema.

Veamos, si alguien va al hospital y en el hospital están de brazos cruzados y le dicen que no le atienden, la cosa es grave. Alguien tendrá que hacer algo en un mínimo espacio de tiempo, porque con la salud no se juega. Y se acaba haciendo. Si se hace huelga, por ejemplo, de agricultores. En no más de una semana la cosa tiene que estar solucionada, porque comer hay que comer. Pero si yo me encuentro que voy a ir de vacaciones a un país, en el que no me van a prestar ningún servicio porque andan de morros con la vida y su gobierno… sencillamente, cambio los billetes y lo borro de la lista de posibilidades.

Consecuencia, si uno presiona en un sector X, puede conseguir lo que pide y continuar su labor, pero si uno presiona en un espacio tan frágil (y que además anda de capa caída) como es el turismo… puede presionar todo lo que quiera, que aunque consiga lo que quería, será para nada, porque el daño ya está hecho y los clientes perdidos. ¿Podrá seguir trabajando después si ya no hay trabajo que realizar? Es lamentable pero es así. Nuestros clientes son poco fieles en ese aspecto. Si me tratas como mi madre, volveré y volveré, pero si tengo que ponerme en tu lugar, los únicos días del año en que lo que yo quiero es uno mover un dedo y mucho menos pensar en nada… paso. Me voy a otro sitio, porque las vacaciones son como las vitaminas y si no las tengo, no funciono igual. Más aún, si las he conseguido pagar, espero, como mínimo, lo mejor. Si me das menos… aunque lleves razón, no volveré a volar contigo, no volveré a tu hotel, ni a tu restaurante, ni a tu playa, ni a tu museo. Sencilla y simplemente porque la oferta es tan grande, que no tengo porqué aguantarlo. No se va a implicar en lo más mínimo.

Y así, nuestros vecinos se cubren de gloria y ya de paso, nos cancelan los vuelos a nosotros. Una situación insostenible y más cuando son precisamente los franceses quienes ostentan el título de 1º potencia en turismo a nivel mundial. Cedido amablemente por los americanos y sus nuevas neurastenias de la seguridad menos segura de todas. Ojalá la sangre no llegue al río y podamos disfrutar en breve de una calma merecida para ver cómo el perfecto engranaje del turismo, se vuelve a mover con soltura.