Viena, cada vez suena mejor


¿Recordáis lo bien que sonaba Viena hace un mes? Pues éste ha sido el resultado. Si alguna vez os habéis preguntado ¿cómo es la vida en Viena? Nuestro amigo Iván Ferreiro lo resume de una forma fantástica y muy personal en este video, que estoy segura de que os va a encantar. A mí, me tiene enamorada. ¿Qué os parece? 
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Sant Nicolaus y el Krampus


San Nicolás y el krampus

En Austria, una peculiaridad muy simpática es que en lugar de celebrar los Reyes Magos de Oriente, los que visitan a los niños para recompensarles por su buena conducta son San Nicolás y su amigo el Krampus.
El santo, que viste de verde y viene ataviado como un auténtico obispo, hace su aparición la noche del 5 de diciembre y se celebra su llegada con desfiles y fiestas. Esta noche los niños deben portarse muy bien, limpiar sus zapatos y dejarlos en la puerta de la casa. Además pueden escribir poemas, cuentos e incluso canciones para hacer méritos si no están muy seguros de haberse portado del todo bien.
Acompañando a San Nicolás, viene una especie de demonio, peludo, con cuernos, algo terrible, espantosamente feo y que da muchísimo miedo. Él se encarga de los niños que se han portado mal y, en el mejor de los casos, no les dará ningún regalo, sino carbón… en el peor, los meterá entro de su saco y se los llevará, no sabemos a dónde.
Por eso es costumbre disfrazarse con máscaras horrendas y recibir al santo haciendo mucho ruido, para que el Krampus y los demás espíritus malvados, se asusten y no se acerquen por la ciudad.
San Nicolás, según la tradición, traía manzanas, frutos secos y algunos dulces para los niños, poco a poco, se ha ido evolucionando, se les regalan dulces igualmente, pero también algún que otro juguete o incluso un pequeño aguinaldo para que lo gasten en los mercadillos de Adviento.
La fiesta es de lo más divertida y hay un ambiente entrañable. Los niños están inquietos y temerosos, pero el día 6, todo son risas y felicidad. Todos tenemos nuestro trocito de chocolate con la figura del santo o del Krampus incluso y si hemos sido muy, muy buenos, también un poco de Gluwein, vino caliente, o de ponche navideño.

El picnic más sexy. Al desnudo

Por increíble que parezca, Viena es una ciudad rodeada por lagos en los que se puede nadar y disfrutar de un día casi de playa. 
Claro que esto también se puede hacer en el Danubio, en la parte de la Isla del Danubio, pero los lagos siempre resultan más entrañables y más tradicionales. La mayoría están gestionados por el Estado o alguna entidad privada, que se encarga de cobrar un precio por entrar a cambio, supongo, de mantener el área limpia o algo por el estilo.
Sin embargo, también hay lagos públicos. Que paradójicamente también están limpios, son tranquilos y parece que básicamente iguales a los otros, pero gratis.
Algunos de estos lagos, que además admiten la presencia de animales (en los de pago no y no comprendo porqué) son nudistas. Yo descubrí uno de estos lagos por azar. Tratando de encontrar un sitio del que disfrutar del día en compañía de mi amiguita de cuatro patas.
Un sitio estupendo. Lleno de gente de lo más amable. Al principio, no voy a negarlo, me sorprendió un poco ver que prácticamente nadie estaba usando su bañador y que no estaba indicado en ninguna parte como zona nudista, pero en seguida me di cuenta de que aquella gente estaba muy al margen de lo que hicieran y pensaran o no los demás, que les daba incluso igual si los demás practicaban a su vez el nudismo o no, de si venían con un perro o con un loro y de si querían comer o preferían beber. De donde se desprende que el hecho de bañarse completamente desnudos en este lago es una opción personal y de ninguna manera obligatoria. Pero la convivencia y el respeto son absolutos.
Juncos rodeando un pequeño lago. Pasarelas de madera, muelles para lo que en algún momento debieron ser barcas, pero que ahora no hay. Sol y árboles frutales por aquí y por allá. Un paisaje precioso.
Un lugar en el que se respira una paz y una tranquilidad tales, que incluso hay patos campando a sus anchas por todas partes. Ignorando deliberadamente a cuantos humanos se cruzan en su baño diario. Es gente amable y divertida. La media de edad, es cierto, que es un poco alta. No hay demasiada gente joven, pero eso tampoco impide que aparezca alguna familia con niños que harán un picnic en absoluta harmonía con cuanto los rodea.
La experiencia, lejos de ser algo sexy, es absolutamente diferente. Es mucho más mística de lo que parece, porque el contacto con la naturaleza se hace absoluto y la lección a aprender es el hecho de que cada uno pueda ejercer su voluntad libremente, yendo desnudo en pleno bosque sin que eso afecte o moleste a nadie. Ni a los propios patos.  Y que si tenéis ocasión, desde luego os invito a que probéis en vuestra visita a Viena.

La Viena de Van Gogh



No. No estoy hablando de una exposición de arte en la ciudad más deliciosa de la tierra como ocurrió en 2008. Esta vez vamos a ir un poco más allá. Porque quiero mostraros una foto, que hice hace unos días y que recuerda, como bien me señaló mi amigo Fernando, a un conocido cuadro de este pintor neerlandés. ¿Os suena?
Podéis ver el asombroso parecido entre su cuadro y mi foto. Sólo hay que invertirla, es decir, si a mi foto le damos la vuelta es prácticamente el cuadro de Vicent. Está hecha desde Hietzing, el distrito 13 de Viena. En lo alto de una pequeña colina. Desdejavascript:void(0) allí, en absoluto silencio, se puede respirar el ambiente de una ciudad que, hasta por casualidad es artística.
Me imagino al gran artista caminando por las calles de Viena, aunque no lo haya hecho en realidad, pero me gusta imaginar imposibles. Muchos de sus cuadros, de hecho, me recuerdan paisajes y escenas de esta ciudad, que además adora los girasoles durante el verano. Esos cuadros que reflejan el ambiente bohemio de la ciudad forman parte, a su vez, del bagaje artístico y cultural de algunos de los museos más interesantes de la ciudad.
Personalmente, la oferta cultural y de arte de Viena me tiene asombrada. Para todos los públicos, para todos los gustos, para todos los bolsillos. No sé si sabéis que en Viena se ofrece la posibilidad de comprar un billete de última hora para entrar a diversos espectáculos, como la ópera o los bailes, con un descuento tan suculento que a veces no cuestan más que un par de pavos. Es emocionante. Festivales de teatro, música y cine, de hecho en cuanto sale el sol, todo esto lo organizan en plena calle y llenan los parques y jardines de la ciudad de vida cultural. Es una lástima que ahora no podamos disfrutar de ello, pero es que el frío es tan intenso que lo mejor es guarecerse bajo techo. Exposiciones, conciertos, ópera, opereta y musicales, tesoros de arte en los museos e incluso estaciones de metro de estilo modernista o Jugenstill, como dicen aquí. Todo ello aderezado de famosos cafés, tabernas típicas e incluso bares de moda.
Definitivamente, Viena tiene un puesto destacado en el ranking mundial de ciudades con mayor y mejor calidad de vida. En su caso, ostenta un orgulloso tercer puesto. Por eso es considerada una de las ciudades más atractivas del mundo. No es un decir, ni una forma de hablar, es un hecho. Es un lujo. Es un placer.

Una vacaciones a precio de casa

Ahora que comenzamos a preparar las vacaciones nos damos cuenta de que la cartera la hemos debido dejar en los otros pantalones… porque abulta tan poco que no se la ve. Un viaje que resulte inolvidable, pero que cueste poco dinero: Austria. Sin duda todos pensáis que estoy diciendo tonterías, porque Austria otra cosa no, pero fama de ser una de las perlitas de Europa y, por tanto, de entre lo caro, lo más caro, pero nada más lejos. Viena, la capital, maravillosa como ella sola, puede que sí, quizá un poco más, pero vaya, que el país va mucho más allá.
Pongamos por caso, montañas, deportes, naturaleza y tranquilidad: Innsbruck, la capital de los Alpes. Allí donde se suelen disputar los juegos de invierno, donde el famoso tejadillo de oro, donde las vaquitas de Milka cruzan para tomarse unas vacaciones. Es el Tirol, no son las montañas de Heidi, pero las mejoran. Es una comarca tradicional hasta en los detalles más insignificantes y luego te encuentras con edificios vanguardistas dignos de Nueva York o de Tokyo.
Si lo que uno quiere es comer y beber bien, pero bien con mayúsculas… Salzburgo. Donde está la abadía de Sonrisas y Lágrimas, donde nació Mozart, donde está el Hangar 7, sinónimo de arquitectura, arte contemporáneo y alta cocina y donde cada año se celebra el Gran Festival de Salzburgo. Aquí se suele venir en plan familiar, cultura hasta en la sopa, que será estupenda, porque la comida allí tiene un 10.
Y si uno lo que quiere es juerga y pasarlo bien, pues Graz. Es la segunda ciudad en importancia del país y es la universitaria. Con su isla flotante del río Mur, la torre del reloj, que es el icono de la ciudad y donde los enamorados suben a darse su primer beso, los heurigern, que son jardines para tomar vino blanco y cerveza (terrazas de verano para que nos entendamos, pero muy bien ambientadas) y lo que poquito que en Europa se puede llamar bar, sabiendo a lo que nos referimos y lo que esperamos de un bar: música, copas y que no cierre a las doce en punto como el bar de Cenicienta.
En Austria se puede comer de menú por 5€, que no está nada mal y las tiendas no son ni la mitad de caras que en Madrid o Berlín ni que por supuesto, en Londres o en París. El sistema de transporte público es una auténtica gozada y está pensado para eso, para que lo use el público, que con un euro te vas a la otra punta de la ciudad en metro, tranvía y autobús, una cosa después de la otra… y con el mismo euro, quiero decir, con el mismo billete. La gente es acogedora hasta el final, cuando hablan inglés… se les entiende, cosa muy de agradecer, porque el alemán ya son palabras mayores, pero cuando uno aprende inglés y se va a Londres, se quiere pegar un tiro y se vuelve a apuntar a primero de la academia.
Yo no soy austriaca, pero me parece un lugar tan encantador y tan rico en todos los sentidos, que estoy en trámites, a ver si me adoptan pronto.