Transporte público español

A día de hoy, desplazarse es una obligación diaria. Da igual si es para ir a trabajar, para hacer la compra, para llevar a los niños al colegio o para irse a tomar unas copas con los amigos. Bueno no, eso ya es pecado, porque con las multas a la orden del día, las copas te las tomas en casa, hablando con los amigos que se han conectado a tu Wii, mientras jugáis a matar malos. Pero el resto de las cosas requieren indefectiblemente un desplazamiento, porque si tienes el trabajo cerca, el colegio está lejos y si el hospital te cae al lado, lo demás está a tomar viento… así que sí o sí, hay que coger el coche. Y al final hay tal cantidad de coches en circulación a la misma hora que se hacen unos atascos universales.

En esto de los atascos podemos aplaudir a las empresas de obras públicas, por contratar becarios a los que echar toda la culpa cuando el proyecto es un desastre, pero todo el mundo ha cobrado una pasta… menos el becario, que era el que trabajaba. En fin, soluciones para los atascos y los desplazamientos: el fabuloso mundo del transporte público.

Yo, para estas cosas, suelo hacer dos listas, como en las composiciones de inglés de selectividad, ¿recordáis?: ventajas y desventajas.

El transporte público no es que no contamine, pero sí contamina menos, quizá el tren, que es eléctrico y aunque haya sembrado el país de vías de acero y cables por todas partes, contamina poco. Además, se puede conocer gente, no sólo en el trayecto, sino mientras se espera a que el medio en cuestión aparezca por el horizonte y, sobre todo, en los apasionantes días en que todos coincidimos en los andenes, marquesinas, dársenas y salas de espera en general porque nuestro amado transporte público está de HUELGA. De hecho, creo que es el único sector que podría hacer huelga a la japonesa y, por una vez, ofrecer un servicio medio decente.

En esto de las huelgas la medalla de oro la tiene Iberia, luego el resto de compañías aéreas, seguidos de cerca, por el tren y cualquier día se nos apuntan los autobuses y el metro. Y ya nos cruzamos de brazos, dentro de casa y que la crisis se nos coma a todos: total…

Como decía, en las salas de espera se conoce gente muy interesante, sobre todo extranjeros que no se pueden creer lo que están viviendo… y con esto terminamos la lista de ventajas.

La otra lista… no sé si hacerla yo o que cada uno sugiera lo que se le ha ocurrido. Partamos de la base de que público quiere decir gratuito, de hecho en Sudamérica lo llaman “colectivo” porque no es un vehículo particular y hay que pagar por utilizarlo, pero imaginemos que llega a Madrid una pareja de chinos. Él alquila un coche en la puerta del aeropuerto y deciden encontrarse en Chipiona, Cádiz, al día siguiente. Él sale del aeropuerto, tarda un par de horas intentando esquivar la M-12 a la que todos odiamos y acaba pagando el peaje, por salud. Sigue por la M-50 y se encamina tardando en llegar unas 8 horas, yendo a una media de 80km/h (por consejo de un amigo suyo alemán que estuvo aquí hace poco) y después de parar en Despeñaperros para hacer fotos, en Bailén para comer algo y en Córdoba para tomar un café, llega a Chipiona.

Ella… coge el metro y se dirige a preguntar qué recorrido es mejor para ir a Cádiz: el billete más barato de tren cuesta 67,30 euros y tarda cinco horas; mientras que el autobús, cuesta 23,70 euros y tarda 8 horas. A pesar del precio, coge el Altaria de las 16:20h. y se sienta 5 horitas a ver el paisaje. En Cádiz, tiene suerte y la estación de autobuses está frente a la del tren, así que coge otro autobús una hora y media más, que le cuesta casi 4 euros y al final llega a Chipiona, al otro lado del pueblo, donde su marido la espera en la habitación del hotel. Así que pide un taxi para llegar hasta el hotel. Otros 15 minutos y otros 5 euros.

Al final, si ambos salieron a las 10 de la mañana, él, que no ha utilizado para nada el transporte público, ha viajado a sus anchas, haciendo lo que ha querido y parando cuando ha querido y ha pagado por ello 20 euros de alquiler del coche y 50 de gasolina. Y ha tardado 8 horas. A las 18:00 estaba en su hotel deshaciendo la maleta.

Ella, tuvo que esperar hasta las 16:20 para coger el tren, que tardó 5 horas, llegó a las 21:30 y esperó para coger un autobús de línea regular que cuesta 3,91euros y que tarda una hora y media más, pero… ¡sorpresa! El último sale a las 20:30, así que tuvo que esperar hasta las 7:15 del día siguiente que, más una hora y media y los 15 minutos del taxi, son las 9 de la mañana. Y se ha gastado, sólo en transporte: 80euros.

Vamos, que no sólo ha perdido el tiempo, sino que le ha salido mucho más caro. Y esto a nivel turístico, no vamos a pensar en esos pequeños pueblecitos de interior, menos interesantes para el mundo en general, cuya conexión con el mundo depende de una línea de autobuses que cobra lo que quiere y que tiene horarios de risa o de esos otros lugares que dependen del tren, sus escasos horarios y sus famosas huelgas.
Yo, desde luego, estoy harta del timo del transporte público y todas esas historias que nos meten en la cabeza para que piquemos y paguemos más.