¿Qué hacer cuando te dejan con lo puesto?

Lo primero que yo sugeriría es, si se llevan objetos de mucho valor dentro de la maleta, hacer una declaración previa del contenido de la misma. Y no me refiero a ir a facturar con un notario de la mano, sino a una declaración en el propio aeropuerto para que quede constancia de lo que se lleva y de su valor. Pero atención: esto vale dinerito.
A partir de aquí, se factura y… a rezar!

Si la maleta aparece, pero está rota. O tenemos la suerte de darnos cuenta de que algo, en su interior, lo está (por ejemplo una botella y todo chorrea…) hay que poner una reclamación en el propio aeropuerto. Hay que ir directamente al mostrador de la línea aérea que operaba el vuelo o al de la que lo contrataba originalmente. Ya, ya sé que normalmente todos están cerrados… pues se va al que está abierto, por ejemplo, en España, es el de Iberia que ya ni lo cierran… y ahí le harán una evaluación “muy por encima” a la maleta, inmediatamente te hacen rellenar unos papelitos en plan declaración de la Guardia Civil y a casita que llueve… con todos esos papeles, te dan también una dirección a la que puedes ir: primero para que te arreglen la maleta, pero como en el 99% de los casos no les apetece, te dan una nueva. Aunque para eso tienes que tener el pase de embarque (que es el cachito que le han cortado a tu billete antes de que entraras al avión, donde dice tu asiento y el mismo que deberás enseñar para buscar tu maleta y reclamarla si no ha aparecido), ese cachito de papel es tu puerta al cielo. No los perdáis jamás. Y luego, en función del humor de cada azafata, te pedirán que lleves unos papeles más u otros. Con esto se soluciona lo de la maleta nueva.

Pero si lo roto es el contenido… hay que hacer un listado de todo lo roto, una valoración económica de cada objeto (tirad por arriba, que ya ellos tirarán por abajo) y se tienen facturas de algo de lo que se rompió mejor que mejor… si no, se buscan. Y luego el rollo de “mándame el papel a”, “ahora búscame el de…” “también necesito ver lo de” y por último “tu cachito del billete que te cortaron al embarcar…” que ese no puede faltar nunca. Este último paso es para desanimar al más valiente… así que, por favor, que nadie se rinda, que esta incompetencia merece un buen escarmiento. Al final, la cosa siempre sale bien y se recupera bastante de lo perdido, si no, el total.

En el peor de los casos, la maleta se pierde, porque por alguna extraña circunstancia tomó otro vuelo diferente al tuyo… y ahora conoce una ciudad más que tú. Y al final aparece. El mecanismo es el mismo. Presentar reclamación en el mostrador correspondiente (o, en su defecto, el que esté abierto). Allí te cuentan una historia… que te la devolverán en cuanto aparezca, te pueden llegar a dar un “kit de supervivencia” (crema de manos, minitoalla, cepillo de dientes desechable, mini pasta de dientes para dos usos, minidesodorante, super camiseta blanca talla XXL y una cuchilla de afeitar). Ninguna de las cosas que contiene sirven para mucho, pero te lo dan. Y luego viene la parte de que compres lo que necesites y que les lleves las facturas para que te reembolsen el dinero… pero mucho cuidado porque en este sentido cada compañía tiene su propia política y al final, con mucha suerte, te reembolsan el 10% de los artículos de primera necesidad que has comprado (ropa interior y medicinas… que puedes sobrevivir con los mismos vaqueros un puñado de días). Y no os olvidéis de exigir que os lleven a la maleta, si aparece, al lugar en el que estéis alojados, porque ellos pretenderán que, encima, vaya uno a recogerla al aeropuerto.

Finalmente, está el caso de la maleta perdida para siempre, que suele ser la que llevaba los objetos más caros o más necesarios. El mecanismo, vuelve a ser el mismo… reclamación, papeleo, etc. Aunque debéis tener en cuenta que, siguiendo el Convenio de Montreal y la normativa comunitaria, la responsabilidad del transportista, en cualquiera de los casos, se limita a 1.000 DEG (unos 1.200 euros) por pasajero. Salvo en caso de haber hecho la declaración especial de valor que os comentaba antes. Vamos, que no se pillan mucho los dedos, porque al fin y al cabo, no son ellos quienes han perdido su maleta.

En general se siguen unos criterios ridículos en función del peso de la maleta, para la indemnización… aunque todos sabemos que nadie sabe exactamente cuánto pesaba, porque de eso no quedará constancia real en ningún sitio y será indemostrable, de modo que, si os ofrecen una compensación que no os convence, cojáis el dinero y firméis los papeles, escribiendo en mayúsculas: FIRMADO PERO NO CONFORME; y a continuación emprendáis acciones legales que como ahora, están tan de moda, no tendréis problema en encontrar representación, incluso gratuita.